Fué un día de invierno, pero parecía pleno verano. Se respiraba una brisa acojedora que creaba un vacío de calma. Eran las 14:37 exactamente y me asomé al balcon. Me paré a contemplar todos y cada uno de los detalles que ese bello y grande parque me ofrecía. A mi derecha habían dos obreros acabando el trabajo de la fachada mientras uno a otro le pedía agua. A mi izquierda unos niños jugando al futbol y otros jugando en el parque. Ese paisaje me dio mucho a pensar. Sentí la necesidad de ir a tumbarme debajo de un arbol mientras miraba al cielo azul, y de vez en cuando alguna hoja caía sobre mí. No hay nada como sentir que esa pizca de aire te rozaba la cara, que esa pizca de aire te hacía sentir mejor, que esa pizca de aire era una pizca de vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario